martes, agosto 11, 2009

Ahora, ¿qué hago?

La penumbra comenzaba a apoderarse de la habitación; la textura de la pared quedó difuminada por la sombra hasta que finalmente sucumbió ante mi mirada. Mi espacio se tornó infinito frente a mis pupilas en proceso de dilatación.

Caminaba tremebundo sorteando los obstáculos impuestos por mi propia ignorancia del espacio donde había habitado durante tantos años; los animales afuera llevaban a cabo sus acostumbradas conversaciones que antecedía al sueño nocturno.

La luna decidió no salir y prestar su luz esta noche. Tenté, acaricié, empujé y logré encontrar tres pabilos con cera; los encendí inmediatamente, la claridad rojiza se alzó inmediatamente y las cosas frente a mi se presentaban con una sombra hinchada y bailarina al ritmo del fuego. Todo el lugar estaba a merced de la raquítica iluminación; claramente se libraba una lucha entre las tinieblas y el pequeño haz de luz que sin mucho poder lograba colarse hasta el último resquicio en donde mi mirada podía apostarse.

De pie en el centro de aquel lugar, con la iluminación suficiente como para no caer, romper o golpear nada, me detuve. Erguí mi espalda, torcí mi cuello y mis ojos peinaron mi alrededor. Dí un par de pasos hacia adelante, me detuve, viré a la derecha, después a la izquierda. Paré en seco.

- ¿porqué estoy aquí parado? - me pregunté - ya tengo iluminación, puedo caminar... - busqué en mi catálogo de ideas todos los pendientes que seguían activos en mi vida, sin embargo mis cuestionamientos afloraban a un nivel más concreto hasta que atiné pensar: -¿de qué me sirve iluminar mi camino si no tengo objetivo ni meta a la cual llegar?-

Soplé con cierto sabor a derrota y apagué las velas, me senté. Claramente mis pensamientos comenzaban a aflorar y dilucidar -bonita hora en que se fue la energía eléctrica, ahora, ¿qué hago?-

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